
Seguro que todos aquellos que hayáis hecho o tengáis planeado un viaje largo en avión habréis recibido la advertencia de tener cuidado con el
síndrome de la clase Turista, suponiendo que voléis en dicha clase, por supuesto. Os habrán hablado de problemas médicos y, quizá, recomendado algunas ideas para paliar sus efectos. Pero ¿sabéis exactamente qué es el síndrome de la clase
Turista?
Se trata de un término médico que fue acuñado por primera vez en 1977 pero se difundió sobre todo a finales de la década de los noventa, al detectarse que algunas personas experimentaban mayor riesgo de sufrir un ataque de TVP, es decir,
trombosis venosa profunda, e incluso tromboembolismo pulmonar por permanecer sentados en su asiento durante muchas horas.
Obviamente, la enfermedad afectaba en los
vuelos muy largos y la referencia a la clase
Turista era porque en ella la separación entre asientos y, en suma, el espacio disponible, es menor que en
Business. Los síntomas se manifestaban con posterioridad al viaje en forma de hinchazón, dolor, o bien hormigueo en las extremidades, si bien hay episodios de dificultad respiratoria, dolor torácico y malestar que, en casos extremos, podrían producir la
muerte.
La existencia o no de este mal asociado a la aviación desató cierta polémica entre quienes defendían su existencia y quienes lo achacaban más bien a la predisposición genética a sufrirlo. Sin embargo, en 2008 la
OMS (Organización Mundial de la Salud) realizó un estudio que relacionaba indefectiblemente el incremento de pacientes que padecían
trombosis con los vuelos en avión en los últimos años, reconociendo por primera vez que constituía de un grave problema de salud.
Sí es cierto que intervienen otros
factores de riesgo -el 77% de los afectados presenta alguno de ellos-, como tener afecciones circulatorias o enfermedades varicosas, cáncer, estatura excesivamente alta o baja, edad avanzada, traumatismos recientes, estar embarazada o ingerir anticonceptivos orales.
Moverse para prevenirlo
Pero hay que puntualizar que ocurre sólo en viajes por encima de 4 horas que obligan a permanecer sentados y eso
no es exclusivo de los aviones; también se puede dar el síndrome en trenes, autobuses e incluso coches particulares. Por tanto el nombre es inexacto y, de hecho, un pasajero de clase
Business puede sufrirlo igualmente.
Es fácil de deducir que una de las claves para prevenir el mal consiste en
mover las piernas periódicamente durante el vuelo. Conviene levantarse de vez en cuando y dar algún paseo, cosa que no será difícil porque tras varias horas en el aire seguro que necesitarás ir al baño alguna vez; lo ideal sería hacerlo
cada hora y, aunque parezca una tontería, siempre será más fácil si se reserva en pasillo en vez de ventanilla.
Pero también es posible realizar algunos sencillos
ejercicios en el mismo asiento (en otro
post te daremos algunas ideas), así como descalzarse, aflojar el cinturón, beber abundante agua y, si hay que dormir, procurar cambiar de postura para
no cortar la circulación sanguínea. En los mencionados casos de pertenecer a algún grupo de riesgo, sería recomendable ingerir una aspirina, aunque el médico tendrá la última palabra.