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Hoy tendréis el privilegio de conocer a un auténtico viajero. La curiosidad de adentrarse en lo desconocido, de comprender otras culturas y hacer de ello una forma de vida se ha adueñado de Antonio Aguilar, que pasa parte de sus días meditando con monjes budistas o asistiendo a rituales tribales. Es el autor del blog Historias de Nuestro planeta.
[caption id="attachment_35522" align="aligncenter" width="558"]Halconviajes.com Monte Athos Monasterio Thiksey Gompa Laddakh[/caption]

¿Cómo comenzó la historia de este blog?

Cuando en una de las etapas más bonitas de los viajes, que es la de recordarlo y madurarlo una vez acabado, quise compartir mis diarios más allá del círculo de familia y amigos. Lo que entonces no sabía es que gracias a hacerlo acabaría haciendo buenos amigos o incluso recibiendo ofertas laborales.

Siendo un viajero, adaptándose a nuevos lugares desde pequeño, es probable que al llegar a la edad adulta uno se considere de ningún lugar y de muchos. ¿Es así en tu caso?

Me ocurre, y sé que no soy el único, que viajando dejo de sentirme extranjero en los países que visito. De alguna manera estoy “en casa” allí donde voy, aunque es cierto que me gusta volver a España. Además, mientras más viajo más perspectiva tengo para comprender y saborear mejor la cultura de mi propia tierra.

Desde pequeño ya tenías figuras viajeras de referencia, ¿Cuáles son hoy? ¿Qué historias de viaje te han inspirado y te han animado a seguir viviendo estas aventuras?

[caption id="attachment_35521" align="alignright" width="391"]Halconviajes.com Mali Niños de Mali[/caption]

Me crié leyendo a diario a Tintín, viendo a Indiana Jones y quedándome sin siesta por ver documentales tras almorzar. Ya más crecido, descubrí que existían viajeros de carne y hueso cuyas historias superan aquellas que leía. Me inspiraban siendo niño, y lo siguen haciendo ahora, aquellos que vivían aventuras poco comunes para conseguir sus propósitos viajeros, como disfrazarse para acceder a regiones prohibidas (Como La Meca o Tombuctú), viajaban a pie de un continente a otro experimentando mil tribulaciones, o contactaban con etnias y comunidades ignotas.  En esa lista están, por mencionar solamente unos pocos: René Caillié, Benjamín de Tudela, Hiuen Tsang, Pobre de Zamora, Richard Burton, Alexandra David-Neel, Cabeza de Vaca, Ibn Battuta...

Viajando con medios mínimos, solo y confiando en la gente que te has encontrado por el camino habrás tenido muchas anécdotas, la mayoría buenas. ¿Cuáles te vienen a la cabeza? ¿Algún desengaño, también?

Viajar me ha enseñado a confiar plenamente en el ser humano. Ayudar desinteresadamente al prójimo suele ser norma no escrita en buena parte del planeta. Además, la gente local suele tener más interés en ti que tú en ellos. Así, por ejemplo, pude alcanzar Mali desde Marruecos con menos de cinco euros, gracias a la generosidad de quienes me recogían haciendo autostop, invitaban a comer en sus chozas o a dormir en el desierto entre camellos...

Aunque es cierto que a veces no todo es tan bonito. Me he visto cerca de tiroteos, coches bomba o con armas apuntándome directamente, además de haber pasado por tres calabozos distintos (sin haber cometido fechoría alguna), sufrido algún robo menor o enfermedades tropicales. Sin embargo, con el tiempo estos “gajes del viajero” quedan como parte del aprendizaje y la experiencia, y se diluyen rápido entre los buenos momentos.

[caption id="attachment_35525" align="aligncenter" width="558"]Halconviajes.com Antonio Aguilar Antonio Aguilar en el origen del Ganges[/caption]

En tus viajes te acercas, especialmente, a formas de vida alejadas de lo occidental, a otras culturas.  Has sido espectador o invitado en distintos rituales. ¿Cuáles te han sorprendido más?

Me han llamado la atención especialmente algunas ceremonias en África, desde aquellas con las que esperan que las lluvias sean propicias para las cosechas a otras en las que en una suerte de trance algunos afirman comunicarse con sus ancestros. Un brujo de Laos me quitaba los “malos espíritus que debían permanecer en la naturaleza” antes de entrar a su poblado, considerado “el dominio de los humanos” .  En otra aldea de Mali todo el mundo daba una porción de su comida a la Tierra, para alimentar a ancestros fallecidos y a la propia naturaleza. En otra ocasión, en un monasterio de Cachemira, al morir un monje vi como lo descuartizaban a hachazos dejando el cadáver a la bondad de los buitres cercanos. También existen, desgraciadamente, otras un tanto más crueles, como ablaciones genitales que tras bailes y juegos se practican a los pubertosos del Sub-Sahara.

[caption id="attachment_35527" align="aligncenter" width="502"]Halconviajes.com India Cantos de la etnia Khlamniungan en Negaland, India.[/caption]

Uno de tus últimos viajes te ha llevado a compartir varios días con monjes budistas en el monasterio de Tawang. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Una maravilla. Tawang está situado al Norte de Arunachal Pradesh, un estado de India que requiere de permisos especiales para ser visitado. Los monjes se sorprendieron al verme llegar, y más aún al saber mi deseo de compartir su rutina por unos días, sin embargo me acogieron como uno más desde el comienzo. Con mucha paciencia respondían mis tantas dudas sobre meditación, filosofía budista, o la propia naturaleza humana, enzarzándonos en instructivos debates. Recuerdo aquellos días como algunos de los más enriquecedores de mi vida, y no dejo de recomendar la experiencia.

[caption id="attachment_35518" align="alignleft" width="352"]Halconviajes.com Asia Monje Budista Muang Sing[/caption]

Hay viajes que hacen mutar algo dentro de uno mismo. ¿En cuáles crees que se ha forjado más tu carácter, tu forma de ver el mundo, aquellos que te han hecho ser lo que eres hoy?

Mi primera vez en India me marcó un antes y un después, no sólo por las cuitas poco usuales que viví, sino por hacerme entender la enorme diversidad cultural de nuestra especie y las tantas formas de abordar y dar respuesta a los temas trascendentales que nos atañen a todos.

En mi intento de comprender el país desde dentro, conviví con anacoretas que vivían desnudos en cuevas del Himalaya sin apenas comer, con guerrilleros independentistas, vagabundos, comerciantes semi-nómadas en el desierto, trabajadores sociales, monjes en sus monasterios o ciudadanos de a pie que se sinceraron conmigo en sus charlas. Hoy, años después, sigo sacando conclusiones y enseñanzas de ellas.

¿Próximo destino?

Ahora mismo estoy de viaje camino de zonas poco visitadas de Asia.

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